DEL ASESINATO CONSIDERADO COMO UNA DE LAS BELLAS ARTES
Dani Llabrés
Sin otro criterio que la falta de criterio y con la única intención de rememorar (y ojalá, y para suerte de algunos, descubrir) irán pasando por este blog buena parte de mis películas y lecturas predilectas y un buen puñado de bonitas canciones.
Decía Nick Hornby en su 31 Songs que «muy de vez en cuando, canciones, libros, películas y fotografías expresan a la perfección lo que tú eres»… saquen Uds. sus propias conclusiones.
Y sin más dilación, y como inmejorable carta de presentación, os dejo con la afilada pluma de un dandy irredento y su Del asesinato considerado como una de las Bellas Artes.
Autor: Thomas De Quincey.
Año de publicación: 1854.
El principio: «La mayoría de los que leemos libros es posible que hayamos oído hablar de una Sociedad para el Fomento del Vicio, del Club del Fuego Infernal, fundado en el último siglo por Sir Francis D―, etc. En Brighton, según tengo entendido, se fundó una Sociedad para la Supresión de la Virtud. Esta sociedad fue asimismo suprimida, pero lamento decir que existe otra en Londres de un carácter aún más atroz. En vista de sus inclinaciones le vendría bien la denominación de Sociedad para el Incentivo del Asesinato, pero… se llama la Sociedad de Entendidos en Materia de Asesinatos. Sus miembros se precian de su curiosidad por todo lo relativo al crimen, de ser amateurs y dilettanti de todas las formas de derramamiento de sangre, en suma, de ser aficionados al asesinato».
El final: «Williams, como he dicho, por su propia mano y, en cumplimiento de la ley vigente en aquel entonces, fue enterrado en el centro de un quadrivium o confluencia de cuatro caminos (en este caso cuatro calles) con una estaca que le atravesaba el corazón. ¡Y por encima de él pasa para siempre el estrépito del incansable Londres!».
Una cita: «La gente comienza a comprobar que hay algo más que contribuye a la comisión de un bello asesinato que un par de zoquetes que matan o mueren, un cuchillo, una bolsa y un callejón oscuro. El diseño, caballeros, la disposición del grupo, la luz y la sombra, la poesía, el sentimiento, se juzgan ahora indispensables para intentos de esta naturaleza».
De qué diablos: Ensayo magistral del autor de Confesiones de un inglés comedor de opio donde, con su habitual y fina ironía, utiliza el incumplimiento del quinto mandamiento para exponer sus teorías sobre la estética y la moral. Obra no apta para patacos ni asesinos en serie necesitados de justificación que nos deja para el recuerdo la impagable advertencia «si una vez un hombre consiente en un asesinato, al poco tiempo comienza a darle poca importancia al robo; y del robo pasa a darse a la bebida y a la inobservancia del día del Señor, y de ahí sólo queda un paso para la descortesía y la falta de puntualidad».















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