Douglas García R © 2010
En este visible devenir urbano encontramos una desafección latente en todos los entornos ciudadanos, y evidentemente eso afecta a los espacios públicos. Estamos ante la presencia de espacios vacíos, un vacío casi foucauliano, donde el artista vive en una distancia imaginaria, o encerrados en su propia distancia donde la deriva del arte comprometido vive una especie de autarquía porque no quiere depende del otro (esfera pública) que lo legitime, es por ello que es fácil que el arte sea asimilado. En todo caso, la legitimación del arte se ha complacido en ser parte de una política cultural que lo ha domesticado, gracias a unos museos y instituciones culturales que lo malcría, y donde la rebeldía se hace inofensiva a ser exhibida en una sala ante una escasa concurrencia, y a su vez, es asimilado por el mercado a través de las galerías donde de una protesta o de una denuncia se hace un excelente negocio. Debemos entender entonces que la figura del arte vive un tiempo prestado… y al no existir intercambio con la esfera pública la participación del otro pierde sentido.
El espacio público es un espacio de paso, imposible de ser dogmado por su pluralidad, pero si puede ser invadido por estar sometidos al tiempo económico que tienen a la calle como medio de ganarse la vida, de hecho, la economía informal es una practica común que ha privatizado los espacios públicos de la ciudad. Debemos también agregar que las calles se han convertido en el artículo de lujo de la cultura publicitaria y esto ha convertido a la publicidad en un nuevo monumento urbano. Banksy y antes que él artistas conceptuales como Jenny Holzer hacen uso del arte urbano para promover visiones distintas a las de los grandes medios de comunicación y publicidad. En el caso del fotógrafo Oliverio Toscani en lo que se llamó “marketing de la provocación”, deja en un segundo plano el producto al favor del disentimiento, la provocación y el duelo, por lo que hizo uso de la rebeldía y la ideología para promocionar la campaña de Benetton.
Los artistas contemporáneos han actuado a favor de la difusión de nuestras problemáticas sociales, llamando la atención de las autoridades política y a los medios de comunicación en general para con ello difundir lo que se acontece. Recordemos la estrecha relación de los surrealista franceses o los muralistas mexicanos con el partido comunista, eso nos da un ejemplo como el arte es subvencionado pero no subordinado de los partidos de izquierda, pero también pone en duda la capacidad resolutiva del arte ante a los problemas sociales sin apoyo de los partidos político… es en ese momento que el término vanguardia regresa a todos y adquiere un sentido agresivamente polémico, positivo y progresista, imponiéndose al imponer sus ideales estético-ideológicos en el contexto socio/político. Estos ideales vanguardistas buscaban a su vez rescatar una dimensión universal/cosmopolita del arte, articulándolo a las condiciones sociales del mundo, apostando y colocando este diálogo con las expresiones que se consideraban más actuales en la cultura de aquellas sociedades más avanzadas, fragmentándose en entre lo que es arte comprometido y arte critico,.. Allí la semblanza con el Nadaísmo y el “Techo de la Ballena” que fueron agrupaciones contestatarias surgidas casi simultáneamente en Colombia y en Venezuela como expresión de violentas rupturas y cortes históricos que sacudieron las estructuras sociopolíticas y la cultura de ambas naciones, y que ambas entendieron que nada se altera cuando se aplica el silencio como expresión.
La vanguardia está por encima del culto a lo eterno, a lo inmutable, pero es el activismo como verdaderos gen revolucionarios de la vanguardia, que a menudo no se fija en lo que no se ve, no mira lo subyacente, lo que se oculta, el siniestro vacío que nos rodea y a perdido la noción de las utopia al no mirarse el ombligo, es entonces que la vanguardia fracasa. En estos momentos no hay innovación y no hay integraciones de las artes… sobretodo, cuando el arte ha perdido la calle y los ciudadanos pasaron a ser seres anodinos que dejaron de ser parte de una clase que luchaba por alcanzar fines históricos. Es como si la ciudad se tropezara con nuestra historia, pero en este contexto actual de posmodernismo o hiperposmodernismo o severa globalización, evidentemente, ya no es posible que se produzcan discursos iluministas que nos hablen de la transformación absoluta de la ciudad como planteaba los futuristas de principio de siglo, porque ahora en una metrópolis no se caminan por las mismas aceras, Como diría Hannah Arendt en su libro titulado hombres en tiempo de oscuridad, “ Aun en aquellos lugares en donde el mundo sigue con su orden a medias… el reino público ha perdido el poder de iluminación que originalmente era parte de su propia naturaleza”, y porque tampoco los entes de esta sociedad sean complacido en ser dirigidos por políticos, porque en el país de la magia todos somos aprendices de mago.
La muerte posmoderna se anunciado tantas veces que la retórica de la crisis y la muerte de Arte hegeliana no ha dejado indiferentes, ahora bien, ese desasosiego por lo que estamos produciendo, ¿es la misma indiferencia que cuelga en las paredes de los museos?,.. Quizás, porque como lo he dicho antes, “vivimos encerrado en nuestras distancias”, con nuestros artefactos eléctrico, tecnológicos y en la nada, porque “nada” nos sorprende, ni el mal tiempo, ni los ruidos inusuales, ni los virus, los accidentes… y es que todo nos resulta tan anormalmente normal que sólo nos preocupamos de la soledad a la hora de cenar y para ello existe el paliativo de Internet, facebook, blackberry y/o un buen perro. Por lo que podemos volver a la teoría de que no somos una imagen sino un simulacro de todo aquello que suscitan en nosotros sentimientos y actitudes, y que sólo nos lleva a lo que somos realmente y que no lo podemos explicar sin remontarnos a lo que fuimos una vez.
El Arte público tiene muchos reconocimientos mundiales y se centra en problemáticas concretas de grupos sociales (feminismo, sida, xenofobia, racismo, emigración…) o de lugar (especulación urbanística, conflicto bélicos…). Esta misma interacción se registró en Latinoamérica con los tropicalitas brasileños quienes a finales de los 60 inspiraron e influyeron en mucho de los cuestionamientos que los movimientos estudiantiles mexicanos tenían en contra de la esfera política de su país, desde luego, hay que nombrar los temas sociales que en el caso de Félix González –Torres como integrante de colectivo Grup material realizó a mediados de los 80 en Nueva York, su trabajo de la cama vacía; la individualidad sólo importa cuando se reúne con otras, intercambiando individualidad por identidad colectiva (lo privado y lo público o de lo privado a lo público), esta fotografía hecha vallas las cuales fueron expuestas en veinticuatro lugares en la ciudad de Nueva York y han sido exhibida en toda parte del mundo.
Ahora mismo los ciudadanos sean fundido en grupos sensibles que se han organizado y se motorizan en asociaciones vecinales, coordinadoras o plataformas, mientras el artistas observa como el surgimiento de la mezquindad privilegiada se impone ante una vanguardia que por ser moderna por lo tanto anticuada es insubstancial, y a menudo frívola analogía que ha adormecido la cultura de resistencia. Perdiendo la mirada con la cual la ciudad es observada, pero el activismo no le quedara más remedio que convertirse en ciudadanos y crear con ellos o a través de ellos. Y es que en las últimas décadas, el arte y los movimientos vecinales se han conjugado en Valencia (España), particularmente he vivido y he participado en unos cuantos como los del barrio El Cabanyal, El Carme y Russaffa,.. La toma de las calles por partes de nuestros ciudadanos nos hace reflexionar sobre nuestras ciudades que se encierra y en su desencanto desesperado cede sus espacios a la desolación, ¡debemos salir y asumir!,.. Al igual que las minorías salen de su pasividad para intervenir activamente y con ello tratan de modificar la lectura que ha hecho la historia de ellos. Asimismo, los artistas deben de expresar su responsabilidad y compromiso en la reflexión crítica hacia esas voces no emancipadas y silenciadas que es lo que W. Benjamin llamó la interrupción de la historia.
Estamos de acuerdo en pensar que activismo no debería abrazar sistemas políticos, porque su razón de ser es la sociedad. Las movilizaciones de los años 60 supusieron en Latinoamérica el comienzo del activismo político como manifestación socio-cultural que reivindicaban el espíritu disidente, marginal e insumiso, irrumpir en un espacio público (comunidad) o espacio privado (individuo) de una sociedad tematizada con los sueños de un ideal nacional. La interferencia pública desde aquel entonces se hizo necesaria, sobretodo en ciudades alteradas como las nuestras, que no vuela ni toca fondo, sólo flota en una masa de aire caliente, y que viven en una desigualdad social extremada, tanto en lo económico como en lo político… donde la transformación social es una necesidad presente en todos, y donde la no unificación de los criterios políticos a hecho de nuestra calles una federación de angustias. En Venezuela, un casi olvidado Juan Loyola irrumpe en lo público interviniendo piedras y chatarra con los colores de la bandera, creando los nuevos monumentos que le daba valor cotidiano y accebilidad al ciudadano de un símbolo patrio que estaba reservado exclusivamente al uso oficial. De una manera metafórica y desde lo personal este artista contravino al monumento oficial del cinetismo. En esto momentos, ese acceso a la bandera se hace latente en las distintas manifestaciones estudiantiles, donde el uso de los colores patrios revindican un país que es de todos y para todos. Por ello es que las vanguardias artísticas se adjudicaron la responsabilidad de dirigir y encauzar la reivindicación política y cultural de la sociedad,.. Asumiendo una actitud decididamente revolucionaria, la voluntad de construir y modelar una realidad totalmente distinta a la de épocas anteriores que se hizo con la exaltación de lo transitorio y volátil.
Debemos entender entonces, que no sólo la noción de “la vanguardia contemporánea” tiene jerarquía y vigencia en temas relacionados con los medios tecnológicos y audiovisuales, sino que es una alternativa insuperable de tornar a la calle. A bien entendemos que el videoarte es la vía de la narración que hace uso de la imagen-técnica y la imagen-movimiento en su capacidad para expandirse en un tiempo-interno de relato,.. El mismo Krzytczof Wodiczco hace uso de este medio otorgándole un valor masivo y de monumentalidad temporal, asimismo, el grupo teatral catalán Els Fura de Baus proyectan en algunas de sus intervenciones públicas mensajes de texto de celulares jugando con la interacción mediáticas que tiene esta herramienta comunicacional en su discurso, siendo esta la herramienta que convocó con un “pásalo” a cientos de miles españoles a manifestarse en todas las ciudades en contra de la intervención de España en la guerra en Irak. Pero también el videoarte a menudo subsiste un discurso baladí disfrazado de falsa insubordinación, de tremendismo lleno de efectos y de travesura insensible, y es por lo que a menudo no nos hace participe de ellas, a pesar de su recurso salvacionista y equilibrado. Ciertamente, vivimos tan encerrados en nuestros hogares que la televisión nos han curado de espantos, porque mientras vemos en los noticiarios imágenes de como mueren civiles en Gaza al ver un comercial de Mac Donald nos morimos de ganas de comernos un Big Mac, y eso muy a pesar de ese documento fílmico titulado Super size me de Morgan Spurlock, es decir, en casa estamos a gusto. Desde luego, encontramos la instalación y el performance trabajando en un encuentro más directo con el ciudadano, pero cuando esa producción no se produce en el espacio físico urbano se corre el riesgo de perder lo poco que hemos ganado como mediadores, y entramos en la deconstrucción de la identidad y en nociones que pierden sentidos, lo que nos lleva a la estética sicótica y más domesticada que nuestras propia vida ciudadanas,.. Pero también puede pasar lo contrario y es que estamos llenos de despropósitos.
La cultura es el último territorio habitable en un país en crisis, sobretodo, donde los sueños de progreso homogéneo y constante cada vez se hacen más lejanos, por lo tanto, el artistas debe reconocer y tiene como deber implantar una contracultura que nos saque de nuevo de nuestras casas… el artista debe sacar a nuestros ídolos de la sala (casa y/o museo) y colocarlos en las esquinas, en las plazas, estaciones de metro, porque el arte público no se expone, se produce y se tropieza con el… produciendo en la ciudadanía múltiples reacciones. De todo esto, lo más importante es que el arte público como vanguardia y los artistas públicos como activistas no son los francotiradores detrás de los árboles, ¡son los árboles!, la energía social que viene de abajo para arriba; del ser al artista, del artista al ciudadano, de la población a la sociedad, de la sociedad al poder… ese es nuestro visible devenir, un arte de vanguardia, si acaso podemos hacer uso de esta palabra en nuestra coetanidad, es aquel que se hace más público,.. El que se hace calle a calle y de ciudadano a ciudadano.
· LA EVOLUCION CONTEMPORANEA DE UNA VANGUARDIA ESCURRIDIZA Y EL INDEFINIBLE ARTE PÚBLICO (fragmento de la charla dictada en la centro de estudios latinoamericano Rómulo Gallego, Caracas, Venezuela)













