Morgue. Por Dani Llabrés.
Título: Morgue.
Autor: Gottfried Benn.
Año de publicación: 1912.
El principio:
PEQUEÑO ÁSTER
El cadáver del conductor
de un camión de cerveza
fue alzado sobre la camilla.
Alguien le había colocado entre los dientes
una pequeña flor
oscura —clara— lila.
Cuando le saqué el paladar y la lengua
desde el pecho
con un largo cuchillo
debajo de la piel
he debido rozarla
porque la flor se deslizó
hacia el cerebro vecino.
La guardé en el tórax
entre el aserrín
cuando lo cosían.
¡Bebe hasta la saciedad en tu florero!
¡Descansa en paz,
pequeño áster!
El final:
CAFÉ NOCTURNO
824: vida y amor de las mujeres.
E1 violoncelo se toma un trago. La flauta
eructa profundo en tres compases: la hermosa cena.
E1 tambor termina de leer una novela policial.
Dientes verdes, espinillas en la cara
le hace señas a una inflamación de párpado.
Grasa en el cabello
le habla a boca abierta con almendra faríngea
Fe, amor y esperanza alrededor del cuello.
Joven bocio quiere a nariz de dos bultos
La convida a tres cervezas.
Psicosis compra claveles.
Para ablandar a papada.
Bemol-menor: la Sonata N° 35.
Dos ojos lanzan un grito:
¡No derramen la sangre de Chopin en la sala,
para que la chusma la pise!
¡Basta! ¡Eh, Gigi! —
La puerta se desborda: una mujer.
Desierto calcinado. Marrón canaanita.
Virgen. Plena de cuevas. Se acerca un aroma.
Poco aroma.
Sólo es una dulce protuberancia del aire
contra mi cerebro.
Un cuerpo obeso con pasitos cortos salta detrás.
Otro más (y no el más contundente):
HERMOSA JUVENTUD
La boca de una niña que había estado mucho tiempo entre los juncos
parecía tan carcomida.
Cuando le quebraron el pecho, el esófago estaba tan agujereado.
Por fin, en una pérgola bajo el diafragma
hallaron un nido de pequeñas ratas.
Una hermanita yacía muerta.
Las otras se alimentaban del hígado y del riñón,
bebían la sangre fría y pasaron aquí
una hermosa juventud.
Y hermosa y rápida las sorprendió la muerte:
a todas las lanzaron al agua.
¡Ay, cómo chillaban los pequeños hocicos!
De qué diablos: Si creías que palabras como excremento, testículo o pus no tenían cabida en un verso es que no conocías el sarnoso poemario del doctor Gottfried Benn. Obra escandalosa, prohibida y requisada del que es considerado el mejor poeta alemán de la primera mitad del siglo pasado. Expresionismo teutón de entrañas purulentas ideal para una noche de hospital velando a un moribundo.














